Letter from International Scholars: Spanish version

6 de marzo del 2015

A Quien Corresponda:

Escribimos para expresar nuestra seria preocupación sobre los artículos recientes que proclaman el descubrimiento de una ciudad perdida o civilización perdida en Honduras. Consideramos que estos artículos: 1) realizan declaraciones exageradas sobre el “descubrimiento”, 2) ignoran las extensivas investigaciones previas desarrolladas en la región, 3) desconocen la familiaridad de los residentes locales con la región, 4) sensacionalizan la práctica de la arqueología y 5) utilizan un discurso ofensivo y anticuado, contradictorio con los esfuerzos substanciales de la antropología en aras de la inclusión y la multivocalidad. Adicionalmente, al presentarse como opiniones desinformadas y enfocadas en el engrandecimiento personal, estos artículos implícitamente violan un principio básico de la ciencia, atribuido al arqueólogo David Hurst Thomas: “No es lo que encuentras; es lo que conoces”.

1) Declaraciones exageradas sobre el descubrimiento

Tal como en artículos previos y comunicados de prensa, los miembros de la expedición incorrectamente declaran que el equipo de cineastas, ex soldados y arqueólogos han “descubierto” una “civilización perdida” en la Mosquitia, en el este de Honduras. En realidad, tal como los miembros de la expedición bien saben, esta región ha sido objeto de investigación arqueológica durante la mayor parte del siglo pasado y especialmente en las últimas dos décadas. Las intensivas investigaciones previas han sido dirigidas por arqueólogos, geógrafos y otros científicos. Lejos de ser desconocida el área ha sido el foco de varios trabajos académicos y populares, incluyendo dos tesis de Maestría, una tesis doctoral, dos libros populares, dos documentales, numerosos artículos y presentaciones y una serie de folletos recientemente publicados por un periódico Hondureño. Por lo cual, la mención de “civilizaciones desaparecidas” resulta especialmente ofensiva considerando la posibilidad de que las personas responsables de los vestigios antiguos fuesen los ancestros de las poblaciones indígenas actuales que no han “desaparecido” pese al genocidio, enfermedades e injusticias sociales.

2) Falta de reconocimiento de investigaciones previas

Algunos arqueólogos con experiencia en la región contactaron a los miembros del equipo después de la publicación de comunicados de prensa y artículos en el 2012 y 2013, así que no puede argumentarse el desconocimiento de investigaciones anteriores. Las declaraciones de estos artículos recientes sugieren una falta de familiaridad con los estudios académicos previos. Sin embargo, los recursos en línea fácilmente accesibles tales como la página web de La Mosquitia (http://mosquitia.com) y un detallado artículo en Wikipedia sobre La Ciudad Blanca, vuelven indefendibles esta falta de conocimiento.

3) Falta de reconocimiento del conocimiento local

Salta a la vista que estos artículos hacen caso omiso al significativo conocimiento local sobre los recursos arqueológicos en esa región. Los grupos indígenas locales así como los residentes permanentes del área han realizado contribuciones esenciales en cuanto a la ubicación, documentación e interpretación de los sitios arqueológicos. Estas han sido reconocidas en publicaciones anteriores de arqueólogos tales como Begley, Hasemann, Lara Pinto, Dixon y Gómez Zúñiga, volviéndolas especialmente conspicuas debido a su ausencia en estos reportajes.

4) Sensacionalización de la Arqueología de la región

Al enfocarse en la leyenda de la Ciudad Blanca, haciendo referencia a “La Ciudad Perdida del Dios Mono” (un nombre inventado en 1940 a raíz de una historia de tabloide), y al presentar el área como “uno de los últimos lugares inexplorados en la tierra”, estos artículos explotan una retórica hiperbólica, sensacionalista y acientífica. Las explicaciones sobre las preguntas de investigación, otro aspecto esencial del acercamiento científico, son ampliamente ignoradas.

5) Discurso Problemático y la Figura del Descubrimiento

Estos artículos posicionan a los miembros de la expedición como “descubridores”, una figura común en los escritos de viajes de aventura del siglo XIX y principios del XX en los cuales la superioridad externa es enfatizada a expensas del conocimiento local. El posicionamiento de los miembros de la expedición como exploradores de tiempos recientes quienes “descubren” sitos en la jungla, en áreas donde “parece que los animales nunca hubieran visto humanos” demuestra ignorancia y falta de respeto hacia los pueblos indígenas Pech, Tawahka y Miskito, así como hacia los Hondureños en general que han residido toda su vida en la región. Los arqueólogos saben que aun las áreas más remotas son rutinariamente visitadas por cazadores y pescadores locales. Declarar ser la primera persona en descubrir un sitio arqueológico grande, mucho menos una “ciudad perdida”, no es solo improbable sino que evoca un pasado problemático cuando las contribuciones locales e indígenas al conocimiento eran ignoradas y en el cual lo conocido para los residentes de la región se acreditaba haber sido “descubierto” por los exploradores extranjeros.

Los exhortamos a realizar esfuerzos para corregir las imprecisiones y la retórica dañina de estas publicaciones recientes, así como brindar una consideración más sofisticada a la publicación de este y artículos futuros en lugar de sensacionalizar la arqueología, realizar falsas declaraciones sobre descubrimientos, mostrar una ignorancia generalizada sobre la región y sus investigaciones previas y explotar elementos retóricos que representan actitudes anticuadas, ofensivas y etnocéntricas.