On Carved Stone Seats (Metates): Honduras as Central American

Elaborated metates… are relatively rare in Mesoamerica, whereas they are virtually a defining trait of Lower Central American civilizations, and consequently remain almost unknown to Mesoamericanists.

–Mark Miller Graham (1992:167)

When I was beginning my career in Honduran archaeology, I was taught that it was the “frontier” of Mesoamerica, the culture area* that extended from central Mexico and included all of Guatemala and Belize, but only part of Honduras and El Salvador.

As a graduate student working in Honduras, I began to educate myself about what existed on the other side of that “frontier” by reading then-recent works by Fred Lange and Doris Stone, Paul Healy, and Olga Linares that grappled with defining the archaeology of Lower Central America, including Honduras.

Every discussion, sooner or later, mentioned the carved stone benches in the form of corn-grinding platforms, or metates, found from eastern Honduras to Costa Rica and Panama.

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Los Pech y la Arqueología en la Moskitia

por Chris Begley:

Cada ciertos años un nuevo grupo de exploradores “descubre” un sitio arqueológico fabuloso en la selva tropical hondureña. Esto es elogiado en la prensa como un enorme descubrimiento, quizás sea la mítica ciudad perdida en la selva tropical hondureña, quizás aún una civilización perdida.

El problema es que esta no es una civilización perdida, o siquiera una mítica ciudad perdida. Sé esto porque he estado estudiando esta área por varios años. Otros arqueólogos y arqueólogas han trabajado allí antes que mí. Hay personas que viven cerca y viajan a través de la zona todo el tiempo.

Como siempre, hay bastante amarillismo y sensacionalismo, y la mayoría de los investigadores se indignan. Escriben cartas quejándose de la situación. El equipo de trabajo original se ve chistoso, como niños actuando una película fantasiosa. Los investigadores que se quejan se ven sin gracia, y quizás celosos de que ellos no pudieron jugar a explorador de la selva. Y si eso fuera lo único que sucediera, no importaría mucho, quizás. A nadie más le importaría.

Pero este tipo de sensacionalismo descuidado tiene verdaderas consequencias. El lenguaje utilizado evoca un tiempo en el cual exploradores extranjeros enfatizaron su superioridad a costa del conocimiento local. El sensacionalismo eclipsa la verdadera ciencia, y sabemos que este tipo de mentalidad de ciudad perdida/cacería de tesoros pone en riesgo a los recursos arqueológicos.

Aunque estas cosas son importantes, hay un costo más humano e inmediato, llevado principalmente por los grupos más marginalizados y menos poderosos de la región: pueblos indígenas como los Pech, quienes son los descendientes de aquellos que construyeron estos sitios.

Yo sé que esta no es una “civlización perdida” porque soy un arqueólogo, y he trabajado en esta área “desconocida” por casi 25 años. He vivido y trabajado casi exclusivamente con los Pech, porque pensé que era lo correcto, y porque ellos conocen la región mejor que nadie. Ellos tienen allí por lo menos mil años de historia.

Para los Pech, el pasado es absolutamente esencial para su futuro. Su historia no es simplemente un pasatiempo interesante; sino que crea y apoya al presente. Sienten curiosidad por la arqueología. He hablado en reuniones comunitarias espontáneas, he visto artefactos que han recolectado, y he escuchado sus interpretaciones. Les he visto hacer alfarería moderna que se parece a las piezas antiguas que encontramos en sitios arqueológicos, en un intento deliberado de conectar al pasado con el presente.

He vivido con los Pech en varias ocasiones en las últimas dos décadas. Hemos vivido en pequeñas aldeas sin luz ni agua. Hemos pasado todo el dia, cada día, juntos. Nos hemos sentado y hemos platicado cada noche. Hemos jugado cartas. Hemos tomado viajes a través del bosque por dos o tres semanas a la vez, mapeando sitios arqueológicos a lo largo del camino. En total, los Pech y yo hemos documentado cerca de 150 sitios arqueológicos.

Los Pech ya sabían donde estaba ubicado cada sitio de gran tamaño. Todos y cada uno de ellos. Sabían donde crecían los árboles frutales y donde estaban los buenos pozos para pescar. Podían encontrar los caminos que yo apenas podía divisar. A veces seguíamos un viejo camino al buscar donde habían crecido de nuevo cortes de machete sobre las ramas. Ellos conocían el bosque como yo conozco el pueblo en donde nací.

Los Pech vivían en estos lugares ahora remotos tan recientemente como 150 años atrás, y regresan a cazar o pescar o a cosechar el liquidámbar. Han perdido sus tierras tradicionales a causa de agricultures y ganaderos invasores. Han sido removidos y ahora viven principalmente en el borde del bosque tropical, en un puñado de comunidades.

Tengo una gran deuda con los Pech. Me han cargado a través del bosque. No literalmente, excepto quizás una vez, pero de una u otra forma en cada viaje. Ellos hacían todo mucho mejor de lo que yo podía. Fue una experiencia reveladora. La mayor parte del tiempo me sentía como niño. De hecho, uno de los cumplidos más grandes que jamás he recibido fue cuando escuché a mi amigo Pech asegurarle a otra persona que yo podía, después de muchos meses, finalmente mantener el ritmo. Si eso fue cierto alguna vez, fue solamente por un momento, pero lo dijo, y lo dijo en serio.

Los Pech me enseñaron a vivir en el bosque, a crear fuego en la lluvia, a buscar comida en el bosque, a pescar allí, a construir cayucos y refugios. Me mantuvieron andando cuando todo era demasiado. Fueron amables y atentos, creando débiles excusas para tomar descansos cuando pensaban que yo necesitaba uno, para no avergonzarme. Me miraban a los ojos y me decían que me agarrara y me aguantara cuando teníamos que caminar toda la noche para salir de una mala situación.

Me mostraron sitios arqueológicos. Me mostraron rasgos tales como qué cerros habían sido remodelados por personas, porque ellos lo sabían y yo no. Me explicaron lo que ellos pensaban que significaban. Criticaron mis interpretaciones.

Los Pech hicieron todo esto mientras encaraban serias amenazas a su continua existencia. Lucharon por mantener las tierras tradicionales que tenían, y por mantener viva su lengua. Enterraron a personas asesinadas por extranjeros que querían intimidarlos fuera de sus tierras. Yo odiaba esos funerales, donde esas caras animadas que conocía estaban rígidas. Odiaba ver eso. A veces no quería ir.

Entonces, ¿Cuál es el daño de este tipo de amarillismo y sensacionalismo? ¿Qué diferencia hace si, en su ignorancia, estos “exploradores” proclaman que descubrieron algo que nadie ha visto en 600 años? ¿Cuál es el costo de estos recién llegados, sin experiencia en este bosque, declarando, disimuladamente, haber descubierto una “civilización perdida”? ¿Porqué estoy movido a pasar unas cuantas horas escribiendo algo como esto?

Escribo esto porque estas declaraciones, amarillismo y sensacionalismo invaden uno de los pocos espacios restantes en los cuales los Pech, y gente como ellos, tienen poder. Estas declaraciones le roban a los Pech de su historia y les niegan el respeto que merecen y el reconocimiento a su contribución hacia nuestra comprensión del pasado. Estas narrativas sensacionalistas, poderosas porque son hechas por gente poderosa, continuan marginalizando y privando de derechos a las personas. En ignorancia y bravuconería, estos descubridores hacen difícil escuchar la voz crucial de los verdaderos expertos.

 

traducido por Alejandro Figueroa

Chocolate Beer: an Early Honduran Delicacy

In 1993, workers bulldozing a field not far from La Lima, in the Department of Cortés, recognized that they were disturbing a buried archaeological site. Named for the small village where it was located, Puerto Escondido became the focus of archaeological excavations for the next seven years.

Originally, these excavations were undertaken by the Honduran Institute of Anthropology and History as cultural resources management, mitigation before a housing development would be constructed. What was found quickly changed the plans, and a green space was left to protect the buried site.

The reason: Puerto Escondido, occupied until about 1000 AD, was found to have a continuous history of occupation starting before 1500 BC. That made the site one of the earliest villages known from Honduras.

Research at the site found that the people living at Puerto Escondido enjoyed shell jewelry, beautiful pottery, and stone tools made of imported obsidian. And one other thing: chocolate.

Testing of bowls and bottles from the site for residues of the chemical theobromine– a distinctive chemical produced by the cacao plant, Theobroma cacao— led to the determination that cacao had been present much earlier than was then known; by 1100 BC, people at Puerto Escondido were drinking a chocolate drink stored in distinctive bottles with narrow, tall necks.

Not only was this around 500 years earlier than sites where cacao had been identified up until then: the bottle that contained the earliest cacao drink at Puerto Escondido was puzzling. Bottles used in Honduras and Belize after 900 BC have wider flaring necks. Actually called chocolate pots by some archaeologists, these resembled pots in which cacao was stirred with a wooden beater to bring up a foamy froth.

No one could have used a similar tool to stir up foam in the narrow bottle necks current at Puerto Escondido before 1100 BC. This change in bottle shape implied that the earlier chocolate drink was different. Since the froth was a major attraction for later cacao, the question raised was what would have encouraged early cacao cultivation and chocolate drinking?

The proposal made was that early cacao was used, as were a number of other plants, to make an alcoholic drink– cacao chicha or chocolate beer. The narrow neck bottles contained the liquid until it was poured into drinking cups. There was no need for a wider mouth on the bottles because the alcoholic cacao drink was not beaten to create a foam. Fermentation would have built some natural foam on this beverage, perhaps the feature later drinkers of non-alcoholic chocolate were trying to mimic.

At the time, specialists in archaeology of the region did not consider cacao as a possible source of alcohol, even though fermentation is actually one step in processing cacao pods to obtain chocolate nibs: the dehydrated seeds of the cacao pod, their chemistry altered by alcohol.

Once the proposal that initially cacao was cultivated as a source of alcohol was made, specialists were able to identify Mexica (Aztec) descriptions of a beverage described as “green cacao” that “intoxicated” people. Chocolate beer was restored to its place in the history of Precolumbian chocolate— all because of research at one early village in Honduras.

Ballcourts in Honduran archaeology

Ballcourts– formally constructed spaces for the playing of games using rubber balls– are found across much of the territory of modern Honduras, although not every settlement, or even every large settlement, has a ballcourt.

Finding ballcourts was unexpected when settlement pattern research was conducted in Yoro and the Mosquitia in the 1990s.

In 1939, Samuel Lothrop had used ballcourts as a key to defining the “frontier” of Mesoamerica that he thought ran through western Honduras. His frontier went through the Ulua River valley on the Caribbean coast of Honduras, and the eastern edge of the Comayagua valley in central Honduras. It included all the sites then known that had ballcourts, which he thought were evidence of a Mesoamerican identity.

When ballcourts were found east of this line, along the Cuyumapa River in the modern Department of Yoro, and even further east, in the Mosquitia, those findings challenged the traditional model. What were ballcourts doing “outside” Mesoamerica? What were they doing?

Answers to these questions in modern archaeology don’t involve trying to trace the boundary of a “civilization”: they involve trying to think about why people living in these particular places went to the effort to build these stone courts; how the courts they built compare to those known from neighboring areas; and what they were actually doing in these courts.

Because ball games require two teams, each ball court implies two sides, either two factions within the local town, or locals and visitors. Ballcourts can be seen as indications of friendly competition, contained by being channeled into a sport. They were also opportunities for individual participants to stand out through their athletic abilities. In addition to playing ball games (which can only be inferred from the ball court itself), excavations around ballcourts in Yoro found evidence that people were drinking together during the events held at the ballcourts.

In Yoro, ballcourts were built in two different kinds of sites: smaller and larger, the larger more centrally located on main rivers, the smaller upstream. These smaller and larger ballcourts were turned in slightly different directions: some roughly at the part of the eastern horizon where the sun rose in the winter, others at the area on the eastern horizon where the sun rose in the summer.Seasonal

This gave a pattern where some ballcourts were located in locations that would have been gathering places in summer, and others in locations that would have been visited in winter.

The summer ballcourts were located upriver, near where most of these farmers had their agricultural fields. The winter ballcourts were on the main rivers, convenient for visitors coming along the rivers from farther away, but requiring local farmers to leave behind their own villages if they wanted to witness, or compete in, ball games.

The different orientations of ballcourts in Yoro not only associated them with different seasons: they emphasized that ballcourts and ballgames were tied to beliefs about the origins of the world, about supernatural beings and the relations of the living to the dead. The sun’s rising and setting every day, replayed the first sunrise of legend, and its seasonal movement related the ballcourt to cycles of growth of plants, and through them, of people. It was not surprising to find evidence around ballcourts that people burned resins, a gesture used to honor ancestors and gods.

Ballcourts in other areas of Honduras would have had their own local significance, not necessarily similar to those in Yoro. But in each area, the presence of ballcourts implies playing a game with two teams, in which the outcome of the game created a hierarchy between the teams. That hierarchy at the same time showed that both teams shared a level of identity sufficient to allow them to follow the same rules.

When visitors played ballgames in the Mosquitia, they would have used the same techniques of play as those playing ballgames in Yoro, and at other places like Copan, Tenampua, Los Naranjos, La Sierra, Travesia, and Cerro Palenque. Playing ballgames in courts of similar size, shape, and construction created an identification among the people from these and other ball-game playing sites across wide regions, much like today, international players who learn the rules and manner of play of soccer, baseball, or basketball can compete with each other without any other form of connection. Ballcourts, which required certain manners of playing, helped shape players from different areas who could recognize each other as sharing this one practice, even if in many other ways, from language to political authority to family ties, they were quite different.

Modern archaeological projects since the 1960s (a work in progress)

International archaeologists resumed work in Honduras in the late 1960s and early 1970s, when the Instituto Hondureño de Antropología e Historia began to be reconfigured. This list is a beginning inventory of projects since that time, through 2009. Leave a comment if you were part of one of these projects and want your name to be added, or have another project to add to the inventory.

1960s-1970s   Proyectos de Fonseca, Comayagua, Los Naranjos: Claude Baudez, Pierre Becquelin


1970s            Proyectos valle del Río Aguan, cavernas de Cuyamel, Selín Farm, Cocal: Paul Healy


1970s           Playa de los Muertos: Nedenia Kennedy

1970s           Curruste: George Hasemann, Vito Veliz

1970s           Travesia

George Hasemann, Eugenia Robinson, Charles Lincoln; James Sheehy, Vito Veliz

1970s           Choloma: James Sheehy


1970s            Proyecto Arqueológico Valle de Naco

John Henderson, Edward Schortman, Patricia Urban, Anthony Wonderley, Rosemary Joyce


1974-1980s   Proyectos en Copán

Gordon Willey, Claude Baudez, William Sanders, Richard Leventhal, William Fash, Rene Viel, Julia Hendon, David Webster, Rebecca Storey, Dolph Widmer, Steve Whittington


late 1970s     Rio Amarillo: Gary Pahl


1978-1984      Proyecto Arqueológico el Cajón (IHAH)

George Hasemann, Gloria Lara, Kenneth Hirth, Julie Benyo, Lewis Messenger, Nedenia Kennedy, Rus Sheptak


1979-1992       Proyecto Arqueológico Sula (IHAH)

John Henderson, Kevin Pope, Eugenia Robinson, Rosemary Joyce, Rus Sheptak


1985                 Investigaciones en el río Platano: Annie Robinson


1983-1985       Proyecto Arqueológico Santa Barbara

Patricia Urban, Edward Schortman, Wendy Ashmore, Julie Benyo, John Weeks, Nancy Black


1988-1990        Arqueología del río Guampu y río Verde: George Hasemann


1980s-1990s     Proyectos en el valle de Naco: Patricia Urban, Edward Schortman


1983-1997          Proyecto La Entrada: Misión Japones a Honduras, Seiichi Nakamura


1981-1998        Valle de Comayagua, Yarumela: Boyd Dixon, Leroy Joesink-Mandeville


1988-1993       Proyecto Arqueológico Cataguana y Oloman, Yoro:

Rosemary Joyce, Julia Hendon, Christopher Fung, John G. Fox, Laura O’Rourke


1980s-2000s     Proyectos en Copán:

William Fash, Rene Viel, Ricardo Agurcia, Robert Sharer, Will Andrews, Wendy Ashmore, Marcello Canuto, Ellen Bell, Alan Maca


1993-1995           Proyecto de Arte Rupestre de Honduras:

George Hasemann, Alison McKittrick, Boyd Dixon, Pastor Gómez, Anne Jung


1990s                  Proyecto en Dulce Nombre de Culmí: Christopher Begley


1990-1996, 2001  Proyecto Cueva del Gigante: George Hasemann, Timothy Scheffler


1990s-2000s   Proyectos en el Departamento de Santa Barbara:

Patricia Urban, Edward Schortman, Christian Wells, Karla Davis Salazar


1992-2008     Proyecto Valle Inferior del Río Ulúa:

Rosemary Joyce, John Henderson, Christina Luke, Jeanne Lopiparo, Kira Blaisdell-Sloan, Chris Fung, John Fox, Julia Hendon, Rus Sheptak


1994-1996    Proyecto Arqueológico de Talgua, Catacamas, Olancho:

James Brady, George Hasemann, Christopher Begley, Boyd Dixon


1996              Proyecto Arqueológico Cuenca del Lago de Yojoa: George Hasemann, Boyd Dixon


1998-2005   Proyecto Arqueológico Cerro Palenque: Julia Hendon


1999             Proyecto La Union, Carleen Sanchez


1999            Proyecto de Plan Grande, Islas de la Bahía: Christopher Begley, Oscar Neil Cruz


2001-2002  Proyectos arqueológicos en río Cangrejal, Laguna de Caratasca, Rus Rus: Gloria Lara Pinto


2003-2007  PACP: Proyecto Arqueológico Comunidad Palmarejo

E. Christian Wells, Karla L. Davis-Salazar, José E. Moreno Cortés, Zaida Darley


2003-2007  Proyecto Arqueológico Los Naranjos:

Rosemary Joyce, John Henderson, Kira Blaisdell-Sloan, Esteban Gomez, Doris Maldonado, Rus Sheptak, Tiffany Tchakirides


2004-2006   Valle de Jamastran: Eva Martinez


2004-2008     PARUP: Proyecto de Arte Rupestre

Alejandro J. Figueroa, Francisco Rodríguez Mota, Roberto Ramírez, Ranferi Juárez Silva


2007               PAGE: proyecto arqueológico en Olancho: Virginia Ochoa Winemiller, Terry Winemiller


2007-2008    Proyecto Arqueológico Curruste: Jeanne Lopiparo, Doris Maldonado, Shanti Morell-Hart


2007-2008     Proyecto Arqueológico Yarumela: Laura O’Rourke


2008-2009      Proyecto Arqueológico Colonial de la Costa Norte:

Kira Blaisdell-Sloan, Esteban Gomez, Rosemary Joyce, Rus Sheptak


2008-2012       Proyecto Roatán: E. Christian Wells, Lorena D. Mihok, Whitney A. Goodwin, and Alejandro J. Figueroa


late 2000s        Proyecto Jesus de Otoro: Bill McFarlane, Miranda Suri


2000-2010      PAREP: El Paraiso Valley: Ellen Bell, Marcello Canuto


2010s               Rio Amarillo: Cameron McNeil, Edy Barrios


2011-                PARCS: Sensenti and Cucuyagua valleys: Erlend Johnson, Pastor Gomez Zúñiga


2013-               PROPALEOH: Proyecto Paleoindio de Honduras: Alejandro J. Figueroa


2013-               PARIB: Proyecto Arqueológico Regional Islas de la Bahía: Whitney A. Goodwin